96 - Francer Goenaga en Medellín. Decidirse a emprender

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TEMPORADA 15 - LA SERIE DE COLOMBIA - Episodio 96: Francer Goeneaga en Medellín. Decidirse a emprender. 6 de abril de 2021 Duración: 49min 06seg. Francer llegó a Colombia con ciudadanía, familia, experiencia y estudios locales, pero el mercado laboral no estuvo a su favor. En este episodio Francer nos cuenta que la respuesta es el emprendimiento.

ACERCA DE LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS es el podcast que conecta a los venezolanos globales. Todas las semanas conversamos con venezolanos que viven fuera de Venezuela, para que nos cuenten sus historias migratorias (sus procesos de adaptación, sus experiencias laborales y sus consejos para los próximos migrantes). Cada entrevista que hacemos es en una ciudad diferente del mundo. Nos puedes encontrar todos los martes en www.lostrabajosylosdias.com, y las principales aplicaciones de podcast, a partir de las 7:00 a.m. (Toronto).

RSS Feed: https://feeds.transistor.fm/los-trabajos-y-los-dias

DATOS DE GRABACIÓN Audio: MP3/Mono/44100Hz/128kbps

Consola: Zoom Livetrack L-8

Micrófono: Shure SM7B

Edición: Adobe Audition para MacOS

Música: Lee Rosevere: Music for Podcasts 1, 3 y 4 Chris Hauge: Front Porch Blues Bleeker Street Blues John Deley: Beer Belly Blues

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Transcripción:

RLM: El episodio noventa y seis de Los trabajos y los días. Hoy es martes seis de abril en Toronto. Son las siete de la mañana y continuamos nuestra temporada número quince, que está dedicada a los venezolanos viviendo en Colombia. Para eso nos acompaña el día de hoy Francer Goenaga en la ciudad de Medellín. Francer, bienvenido a Los trabajos y los días y muchas gracias por aceptar nuestra invitación.

FG: Muchas gracias a ti, René, por la invitación. Y bueno, encantado de esta oportunidad de compartir mis experiencias y compartir con este valioso trabajo que se está realizando con Los trabajos y los días.

RLM: Francer, ¿qué fue lo primero que pasó por tu mente el día que llegaste a Colombia a vivir?

FG: El día que llegué a Colombia a vivir fue octubre del año 2018. Venía, en primer lugar, con muchísimas expectativas. Desde luego, tomar la decisión de salir del país fue una decisión complicada. Pero, lo que quería en todo momento es que ese cambio —al cual, desde luego, nos abrimos todos los miembros de la familia— fuese un cambio que nos llevara a experimentar nuevas oportunidades, a seguir un camino de crecimiento. Recibir ese cambio como una posibilidad, como un experiencia positiva y, desde luego, siempre pendiente de que mi núcleo familiar, mi esposa, mi hija, tuviesen también esa resiliencia, por decirlo de alguna manera, de haber desconectado con lo que era nuestra vida en Venezuela y abrir un nuevo capítulo aquí en Colombia.

RLM: ¿Por qué Colombia? ¿Por qué Medellín?

FG: Varias razones. En primer lugar, Colombia nos ofrecía la oportunidad de estar cerca de casa, cerca de Venezuela. De alguna manera nosotros dijimos: «corresponde hacer una pausa en este momento, corresponde no estar aquí». Y siempre guardamos, desde luego, la esperanza de regresar en un momento en el cual las condiciones estén dadas para nosotros. La cercanía creo que nos daba esa posibilidad. Por otro lado, teníamos el acceso directo a los documentos, a tener nueva condición migratoria que realmente fuese viable para desarrollar nosotros nuestras actividades de trabajo, de conseguir el sustento, pues mi papá nació en Colombia y fue parte de la ola migratoria de colombianos hacia Venezuela a finales de los años 60, inicio de los 70. Por lo tanto, teníamos la posibilidad de obtener rápidamente los documentos, sobre todo para mi esposa y para mi hija, pues ya yo en el año 2010 había obtenido mi ciudadanía colombiana, producto de que también había estudiado aquí mi maestría, en Colombia. Entonces, ya además tenía el recurso de haber interactuado con una comunidad desde el punto de vista académico, con profesionales. Entonces, eso también de alguna manera me ayudaba. Y, finalmente, yo había trabajado un año completo yendo y viniendo aquí a Medellín específicamente, pues la institución para la cual yo trabajaba había abierto una sede aquí y yo estaba en ese proceso de construcción en ese momento. Entonces, fueron varios los elementos que nos ayudaron a tomar la decisión de que fuese Medellín y ya previamente se había venido mi hermana con mi cuñado y su hijo. Mi papá también estaba aquí, entonces no llegábamos solos, que ese era otro tema importante para nosotros.

RLM: Ok, entonces hay cuatro elementos de conexión. Primero, tu papá. Segundo, el factor académico, ya habías tenido una educación académica en Colombia, ya habías tenido una relación laboral con Colombia y ya había familia esperándote en Colombia. Quisiera comenzar preguntándote por el tema de tu papá que se llegó a Venezuela en los 60 —si te estoy siguiendo bien—, a finales de los 60, que era la época que si uno estaba en algo se tenía que ir a Venezuela. Venezuela era el lugar donde estaba el futuro, las posibilidades, donde todo iba a darse y él vivió esa experiencia. Luego, bueno, las cosas que fueron pasando a lo largo de los años, como fue evolucionando Colombia, todas las cosas que sucedieron en su historia, su sociedad, cómo fue evolucionando Venezuela, su historia, su sistema, su todo. Llega el siglo XXI, se ponen las cosas como se ponen, cada una de estas dos hermanas repúblicas van evolucionando también por su en diferentes direcciones y él los ve a ustedes entonces a emprender el camino de regreso hacia Colombia. ¿Cómo fue para ti esa experiencia?

FG: Bueno, sabes que uno de los temas más interesantes es que la migración colombiana a Venezuela tuvo sus matices en los cuales los colombianos, desde luego, así como hubo quienes se desarrollaron rápidamente, lograron caminos claros de crecimiento y desarrollo, también hubo quienes tuvieron dificultades, porque quizás la condición económica no era la más óptima, porque se fueron sin documentos. Entonces, fue un proceso bastante complejo para esa ola de migratoria que fue a Venezuela. Mi papá, al llegar a Venezuela, tuvo, desde luego, las dificultades propias de quien llega a un lugar desconocido, que no tiene ninguna conexión previa, desde el punto de vista quizás como en estos momentos lo tengo yo, al tener la oportunidad de tener los documentos y él fue a descubrir, a conquistar. Fue muy joven, fue prácticamente a cumplir la mayoría de edad. Entonces, él vivió un proceso complejo para asentarse. Ahora, después que se casó y conformó la familia, crecimos, mi hermana y yo nos hicimos profesionales en Venezuela, ahora los dos tomamos la decisión de venirnos y para mi papá fue, en primer lugar, muy impactante por el hecho de que él salió en busca de prosperidad. Ama a Venezuela, es completamente venezolano. Es caraqueño, prácticamente, porque toda su cultura se modificó.

RLM: Esa es su casa, pues.

FG: Esa es su casa. Él añora regresar a Venezuela y nosotros, por otro lado, estamos haciendo el proceso de conquista aquí desde otro punto de vista, quizás con otras herramientas, con otros elementos, reconociendo que, bueno, los países latinoamericanos no la tienen precisamente fácil desde el punto de vista social, desde el punto de vista económico, desde el punto de vista político. Entonces, bueno, son dos tiempos distintos, pero son experiencias que de alguna u otra manera se conectan. Y tenerlo a él aquí es muy interesante porque él es capaz de decirnos inmediatamente: «ustedes hoy están viviendo quizás una experiencia que yo ya viví antes de irme y que esto siempre ha sido así porque forma parte de la idiosincrasia, forma parte de la cultura, forma parte de los mecanismos. Esto no ha evolucionado. Sin embargo, estos elementos sí son nuevos y aquí es donde puede haber una oportunidad». Entonces creo que ha sido muy enriquecedor para nosotros y para él mismo, sin duda, que lo está viviendo desde otra perspectiva.

RLM: Bueno, ese es el primer elemento. El segundo, la experiencia académica. Tú fuiste a estudiar a Colombia tu maestría. ¿Cómo fue estudiar en Colombia?

FG: Oye, fue muy interesante. Cuando yo inicié mis estudios de maestría en la Universidad de Los Andes, lo hice a través de un concurso, por decirlo de alguna manera, en la cual e en Venezuela nos hicieron exámenes. La universidad era aliada de una institución muy importante desde el punto de vista de las carreras administrativas en Venezuela. Allí nos hicieron los exámenes y finalmente yo logré optar por una beca. Eso me lleva a poder cursar una maestría que era un programa internacional. Yo soy parte de la primera corte de esa maestría en Gerencia Ambiental y el programa era semi-presencial. Yo tenía que viajar cada veintiún días a Colombia. Y eso durante dos años. Conociendo aspectos de la cultura del colombiano de distintos lugares, porque era un grupo de casi cuarenta personas en las cuales había un ochenta por ciento de colombianos y el otro veinte por ciento éramos de fuera del país y había peruanos, ecuatorianos, venezolanos porque era enfocado en la Amazonía. Fue muy, muy interesante, muy enriquecedor. Hice muy buenas relaciones desde el punto de vista académico, amigos que hoy por hoy están en contacto que, sin duda, a pesar de las limitaciones del país en cuanto a los temas laborales —porque las hay en el nivel de desempleo, aquí es muy alto y muy competitivo—, pero estas persona son precisamente quienes han estado cerca, a quienes he podido tocar la puerta y les he dicho: «mira, estoy buscando esta posibilidad, puedo plantear mis servicios desde este punto de vista». Y son personas que, aunque sea desde el punto de vista moral, han estado presentes y me han estado ayudando. Profesores también, con quienes he podido interactuar. Y sé que, finalmente, al momento de necesitar a alguien para hacer una entrevista para desarrollar un proyecto cuento con ellos y les estoy sumamente agradecido en todo momento. Entonces, creo que para mí ha sido una ganancia, porque además me ha permitido reconocer aspectos desde el punto de vista laboral y desde el punto de vista académico aquí, que quizás sin esa experiencia no hubiese sido lo mismo.

RLM: Bueno, muy bien. Entonces, eso ayuda a la construcción de redes. Y, para beneficio de nuestra audiencia, para contexto, la Universidad de los Andes queda en Bogotá, ¿correcto?

FG: Así es.

RLM: Muy bien. ¿Y en qué año estudiaste tú en la Universidad Los Andes?

FG: Entre los años 2008 y 2010.

RLM: Entre 2008 y 2010, o sea, un tiempo de preparación hasta llegar en 2018. Y luego hubo cierta experiencia laboral también con Colombia.

FG: Sí.

RLM: ¿Cómo fue ese capítulo?

FG: Cuando yo me gradué en la universidad aquí en Colombia, regresé a Venezuela y allá fui ascendido en el cargo que tenía. Yo era coordinador de Proyectos y Servicios de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales, es una ONG de las más representativas e importante en el país. Ya hoy por hoy tiene sesenta y dos años de existencia, tiene presencia en más de once localidades del país y ha tenido una labor impresionante desde el punto de vista de la educación, de la investigación, de la generación de conocimientos. Y, en ese momento, fui ascendido de la Coordinación Nacional de Proyectos y Servicios a la Vicepresidencia Ejecutiva, en un período muy complejo, pues las relaciones a nivel de gobierno eran muy difíciles, en ese momento, estoy hablando del año 2010. Pero, los hermanos optaron por colocar por primera vez en el cargo de presidencia a un seglar, a una persona que no fuese religiosa. Fue bastante complejo. El hermano, que era mi jefe en ese momento, termina su período en el año 2011 y yo acabando de pasar a la vicepresidencia, fui nombrado presidente de la Fundación. Eso me llevó por cuatro años para los temas de sostenibilidad, de reconstrucción, de cambios, de transformación, para poder darle base a la institución. Y los hermanos me dicen que me van a nombrar para un segundo período, cuatro años más tarde. En ese momento yo dije: «necesitamos expandir la acción de la Fundación, porque desde Venezuela solo es muy inestable. Yo voy a poner al servicio mi posibilidad por mi documentación, por lo que ya conozco, por las relaciones, la puerta de Colombia para abrir Fundación La Salle en Colombia». Y así comienza todo un tema de planificación, de creación. Logré, junto con el equipo que estaba más cerca de constituir la fundación aquí en Colombia, primero registrada en Bogotá y luego transferida a Medellín en el año 2016. Y ese primer año —que es un año sumamente complejo para el crecimiento de cualquier organización—, fue un año de hacer muchas relaciones, de entrar en nuevos terrenos, que entre ellos estaba el tema del emprendimiento, precisamente, junto con la persona que estaba encargada aquí en Colombia. Y bueno, fue un camino bastante complicado, reconociendo lo que era el país desde otra perspectiva, pero con la posibilidad, desde luego, de llegar, tocar la puerta, abrir esa esa oficina y prestar servicio. Esa oficina estuvo abierto precisamente hasta el momento en el cual ya yo salí de la institución, pues la institución consideró que si ya no estaba allí, ese proyecto se detenía también. Entonces, fue un espacio muy interesante, fue un espacio para crecer y para reconocer. Yo creo que para mí fue siempre ganancia, fue un aprendizaje muy importante.

RLM: Muy bien, entonces. Fue el intento o el primer ensayo al menos de la Fundación La Salle de internacionalizarse y de crecer a hacia Colombia, tú tuviste esa responsabilidad. Luego viene otro elemento que es ya la familia estaba en Colombia, ¿cómo fue esa faceta?

FG: Sí. También fue bien interesante porque una vez estaba dándose quizás la situación más compleja y de mayor tensión en el año 2016, 2017. La familia de mi hermana toma la decisión de emigrar a otro país. En ese momento sin planear específicamente que fuese Colombia y mi cuñado, que es del área de la informática, nos plantea al inicio del año 2017: «miren, nosotros vamos a buscar la posibilidad de emigrar, de salir, de buscar otra oportunidad». Ellos tenían un bebé muy pequeño y toda la situación compleja de abastecimiento para ellos fue un impulso muy contundente para salir. Él consigue, inmediatamente, una posibilidad aquí en Colombia, se dan todos los procesos y ya en el mes de abril él estaba aquí. Eso hace que mi hermana que estaba trabajando y tenía una buena posición allá en Venezuela, tenga finalmente que plantearse la renuncia y venirse a los seis meses junto con él. Y comienza el proceso para instalarse. Quizás para ella fue un poco más complejo por el hecho de que ella no quería migrar. Quizás ya no lo tenía como una decisión, mi cuñado lo tenía más claro. Pero, cuando ellos logran hacer el tránsito ya comienza el proceso de instalación. Ellos notaron rápidamente el cambio frente a la situación que tenían en Venezuela. Y finalmente, cuando yo renuncio a la Fundación en el año 2018, por razones de seguridad personal, por razones de seguridad económica, por el compromiso con el bienestar y el crecimiento de mi familia, ella me dice: «pero, ¿por qué no piensas venir aquí? Ya nosotros estamos aquí y a nosotros te podemos apoyar también. Una llegada que sea más suave, menos traumática para ustedes». Y, entonces, es donde se da la decisión, se da el match y ya teníamos como el punto de apoyo, que quizás era lo único que nos podía faltar en el momento en que tomamos la decisión de emigrar.

RLM: Perfecto, Francer, entonces te escucho decir que había los papeles, había los estudios, había la experiencia laboral y las redes y había la familia. Entonces, uno puede asumir que llegaste en 2018 y de ahí en adelante todo ha sido coser y cantar. Todo fácil, todo perfecto, todo chévere.

FG: Eso es lo que soñamos. Eso es lo que estaba en la ilusión, en la expectativa. Pero bueno, también hay una realidad que es que cuando te toca migrar, te toca salir del espacio, del modelo que conoces, que dominas, que tienes plenamente reconocido, que está adosado a tu piel, para pasar a otro que no necesariamente te reconoce igual. Nosotros no hablamos de la misma manera, no comemos lo mismo. En la forma como allí están llevando el tema de las relaciones laborales, es completamente diferente. Entonces, todo ese reconocimiento que quizás yo podía tener a la mano en Venezuela por mis veinte años de carrera, por haber trabajado en la Fundación La Salle, porque yo quizás levantaba el teléfono y podía llamar a cualquiera de las personas que conocía y rápidamente me hacía una conexión y había referencia. Ya eso no estaba aquí, ya que era mucho más complejo el hecho de que pudieran siquiera reconocer lo que ha de ser mi trayectoria en Venezuela.

RLM: Ok, entonces había papeles, familia, estudios, experiencia laboral, pero no había esa trayectoria que le genera uno siempre un espacio y además me dices que las relaciones laborales son diferentes. ¿Diferente cómo?

FG: Sí, por ejemplo, nosotros escogimos la ciudad de Medellín por el hecho de que estaba mi hermana aquí, porque ya habíamos trabajado aquí de alguna manera con la Fundación, porque el clima nos ayudaba. Bogotá es una ciudad sumamente fría, yo quizá por toda esta carga genética de la costa colombiana —porque mi papá es de la costa colombiana y, adicional, mi mamá es maracucha—, aquí en mi ADN lo que hay es...

RLM: Trópico.

FG: ...soporte al calor y punto. Pero al frío no. Entonces ese tema de irnos a Bogotá fue siempre como, mira, preferimos algo que sea más tranquilo por una parte y por otro que el clima nos ayude. Cuando llegamos a Medellín nos encontramos con la cultura del paisa que es, quizás, mucho más cerrada. Me contaba un profesor que tuve aquí, que el hecho de que estuviesen rodeados de montaña de alguna manera hizo que el paisa aislara por un tiempo y que trabajaran en ese tema de cómo desarrollamos la cultura paisa. La cultura paisa tiene un sello muy específico, se ayudan entre ellos, están buscando en todo momento que lo que hagan, resalte. Pero, de alguna u otra forma, son entre ellos. Entrar, entonces, con otra forma de hablar, con otra cultura, con otra forma de hacer las cosas, no ha sido una tarea sencilla, es la verdad. No ha sido sencillo para ellos mismos, para los mismos colombiano, el que venga un costeño o el que venga un bogotano —que aquí lo llaman "rolo"—, a vivir aquí a Medellín, siempre consiguen sus propias barreras regionales. Ahora imagínate internacionales y a eso le agregamos que la migración venezolana ha sido muy fuerte en los último cinco años y ya los problemas que naturalmente tenía Colombia en temas de salud, en temas de trabajo, en temas de seguridad, quizás pueden haberse visto también modificados con la presencia de muchas más personas. Entonces, eso es un tema que no juega a favor de quienes llegamos en los últimos años.

RLM: Bueno, adicionalmente al tema de presión sobre los servicios sociales, de gobierno, etcétera., o la misma presión demográfica, está el hecho que Colombia nunca se ha visto a sí misma —hasta donde yo puedo entender y tú me corriges— como un país receptor de inmigrantes. Entonces, también es algo que hace cortocircuito en la identidad que la sociedad tiene de sí misma.

FG: Sí, porque además si bien ellos nos han visto como un país receptor, ellos sí han sido un país emisor de emigrantes en muchos momentos. Y es común observar aquí que las familias tienen a los hijos que están en la edad productiva, fuera del país o buscando irse del país. Y eso ha sido histórico, temas como la propia seguridad, los conflictos políticos, los conflictos sociales, las dificultades, han hecho que la gente tienda a salir y no entrar. Para ellos ha sido como impactante el hecho de que los venezolanos, a quienes siempre vieron como un país de avanzada, como un país de oportunidades, ahora tengan una situación tan difícil que haga que se vengan para acá.

RLM: Ahora, te voy a contar una anécdota personal y vamos a comparar experiencias. Cuando yo estuve en Buenos Aires por razones de trabajo, aproveché de caminar bastante y prácticamente cualquier esquina, yo me conseguía con gente, pues tienes que hablar con todo el mundo. Si tú no conoces Buenos Aires, tú te pierdes. Así que tenía que hablar con todo el mundo y en cada esquina te conseguías con gente que inmediatamente reconocía el acento, te dicen: «tú eres de Venezuela. Yo viví en Venezuela durante la dictadura». Es una cosa increíble. Tú te consigues en Colombia, te consigues a Medellín con gente que vivió en Venezuela, que tiene relación con Venezuela. ¿Cómo funciona eso allá?

FG: Sí, es muy, muy interesante porque quienes no han ido a Venezuela nunca y quienes no conocen de Venezuela más que las referencias que habían salido del país, hablan de Venezuela como algo lejano, como algo con lo cual no hay conexión.

RLM: Algo de por allá, lejos.

FG: «Ah, sí, Venezuela. ¿Eres venezolano? ¿Qué tal eso por allá?». Pero, el que ha ido ya habla con una conexión directa: «yo fui a Venezuela, ¡qué bella Venezuela! Me encantó lo que conocí. Yo tenía unos primos que trabajaban en una empresa allá. Yo tenía una familia que tenía un negocio automotriz. Yo vivía en Venezuela. Yo fui a trabajar, me tuve que venir por la situación, pero de verdad que yo estuve allá tres o cuatro años, me fue superbién». O sea, las referencias del colombiano que estuvo en Venezuela desde su propia experiencia allá fue positiva y rápidamente conectan contigo, te reconocen la forma de hablar e inmediatamente interactúan desde esa de «yo tengo un pedacito de ti». Pero el que no conoce no se siente tan cercano.

RLM: O sea que es una experiencia mixta, pues si hay gente que definitivamente tiene esa conexión y hay gente que no.

FG: Sí, exactamente, así es. Y quienes tienen esa conexión, incluso lo oyes en las conversaciones, pues algunos de nosotros tiende a contar: «en Venezuela no era así antes de la situación compleja, nosotros manejábamos el tema laboral de esta manera, o las relaciones con los jefes de esta forma». Y hay gente que nos dice: «mira, definitivamente, si las situaciones mejoran, yo mismo me voy contigo».

RLM: Ok, Francer, entonces tú me cuentas que primero, se elige Medellín por el tema del clima, pero te encuentras que la cultura paisa y las relaciones laborales, la cosa es como cerradita. Además, tienes alrededor de tres años y una buena parte del período de tiempo ya de tu residencia en Colombia ha estado marcado por la pandemia, lo cual complica muchísimo más las cosas. Y nosotros, en una conversación previa, tú me contabas que tu solución a todo esto ha sido el autoempleo. Entonces, ¿cómo llegas tú hasta un planteamiento de autoempleo? ¿Cómo lo has desarrollado? ¿Cómo te resultó?

FG: Fue un proceso bien intenso, por decirlo de alguna manera. Al llegar yo aquí, inmediatamente comencé a distribuir mi currículum por todos los lugares. O sea, no había lugar donde yo no presentara oferta, donde yo no presentara portal, donde yo no me inscribiera. Sin embargo, yo tenía una ansiedad muy grande porque, desde luego, la sostenibilidad de la familia, el pago de los servicios de la casa donde íbamos a vivir, todo era muy complicado. Si yo no me apuraba, yo sentía que el resultado no iba a llegar. Por lo tanto, para mí un feriado... que aquí acumulan los feriados, de alguna manera. Es decir, el día de San José fue el diecinueve, el feriado es el lunes, producto del día de San José. Entonces, muchos lunes, para mí cada vez que llegaba un lunes con un feriado era una calamidad, decía: «pero, no les va a dar tiempo de revisar los currículum. Y yo necesito que esto tenga premura». Pero, mira, pasaban los días y pasaban los días y, desde luego, fueron muy pocas las llamadas que recibí. Empecé a hacer conciencia de que, finalmente, esa no era la ruta. Un día, caminando por aquí, me conseguí a una ex compañera de trabajo de la Fundación que se había venido también para acá —ella es bióloga, igual que yo— y yo le pregunté: «¿qué estás haciendo? Cuéntame», y me dijo: «mira, yo aquí entendí que lo que supiera hacer, independientemente de que fuera mi profesión o no, era lo que me iba a dar la posibilidad. Así que si tú sabes coser, cocinar, pintar, lo que sepas, hazlo…» —yo creo que no teníamos ni tres meses de haber llegado— «…a mí me tocó retomar el tema de la natación y yo ahorita estoy dando clases de natación». Eso se me quedó en la cabeza. Yo soy amante de estudiar y de prepararme en cosas, entonces yo dije: «bueno, esto que yo he venido trabajando relacionado con el coaching ontológico y con el tema de la facilitación y la formación, creo que puede ser para mí una posibilidad». Y así es como esa idea que ya yo traía desde Venezuela, pero que no le había sentado, no le había abrazado, que era insostenible. Empieza a tomar importancia dentro de mi agenda. Y comienzo a tocar puertas desde: «bueno, no me emplees, pero sí tengo la posibilidad de ofrecerte este servicio desde el punto de vista educativo, del punto de vista formativo, integrando elementos de la gerencia con elementos de la conservación, con elementos de la gestión ambiental, con elementos de la educación para la sostenibilidad». Empezaron a surgir oportunidades quizás de dictar una charla. Dictar una charla, una formación en modelos de negocio que tenga que ver con temas de sostenibilidad, en propios temas de coeficiencia. Comencé a integrar información, datos, experiencias, para poder ir haciendo una oferta que fuese más robusta y que tuviese más posibilidades. Adicional a eso, durante el año 2019, yo me metí en cuanto curso había para entender de lo que la gente hablaba cuando estaban buscando emprender y cuáles eran las tendencias. Vi que Medellín quiere convertirse en una ciudad de la cuarta revolución industrial, quiere elevar una bandera en el tema de emprendimientos, en el área tecnológica, entonces así empecé a conocer personas y empecé a mostrar lo que yo podía brindar. Y bueno, hoy por hoy diseñé un programa que se llama He decidido emprender, que es un proceso formativo que dura aproximadamente tres meses, donde voy apoyando a las personas desde lo personal a descubrir cuál es su idea de negocio, cómo convertir esa idea de negocio con la que realmente está conectada emocionalmente en un modelo de negocio, cómo incluirle elementos financieros, cómo meterle elementos de marketing —porque también me puse a prepararme en el área de marketing estratégico en el área digital— y así he ido cubriendo varias áreas para poder ofrecer un servicio más robusto y así es que he ido transitando en este tiempo. Yo no me lo imaginé nunca, pero el hecho de que llegara la pandemia y nos encerrara, hizo que se abrieran otras puertas por la vía virtual y hoy por hoy ya tengo la posibilidad de ofrecer y desarrollar esos servicios por la vía digital. Entonces, eso me parece que ha sido un proceso evolutivo positivo.

RLM: Entonces, te estoy escuchando decir que la misma situación... y yo me puedo relacionar con lo que tú estás contando, porque cuando tú llegues aquí inmigrante a Canadá, tienes que tomar un curso de cómo buscar trabajo. Es una cosa que el gobierno no te obliga, pero te sugiere con mucha fuerza que lo tomes. En este curso lo primero que te dicen es: «identifica tus habilidades transferibles. Las cosas que no necesariamente son la descripción tradicional de tu carrera, pero que tú puedes aplicar a cualquier otro trabajo, así no trabajes en tu carrera». Y en algún momento llegaste a lo mismo, de una forma empírica. Venías de una carrera con una trayectoria de veinte años con una estructura lógica de biología, ciencias naturales, administración, el posgrado, la organización no gubernamental —todo eso tiene como sentido, ¿verdad? Ese el desarrollo normal de una persona—; a una situación mucho más caótica, orgánica —no sé cómo lo podemos llamar—, donde todos los días puede haber una nueva realidad, mezclado con la pandemia. Entonces, tú puedes ahora no solamente utilizar tus habilidades transferibles, sino que ya eso que tú me contabas más temprano de cómo es súper local o súper parroquial (a falta de una palabra mejor) en la cultura laboral y económica en Medellín, pues ahora tú te puedes globalizar. Ahora tu mercado es el planeta.

FG: Sí. Y Los venezolanos que estamos dispersos en el planeta son un mercado, sin duda, porque cada uno, de alguna u otra forma, está viviendo experiencias similares a las que tú estás narrando, a la que yo estoy contando aquí también. Y estamos en la búsqueda, en la búsqueda de hacernos sostenibles, de poder desarrollarnos en cada uno de los lugares. Yo tengo amigos en Paraguay, por ejemplo, que están intentando hacer exactamente lo mismo y que me tocan la puerta y me dicen: «Francer, ¿será que podamos mirar esto? ¿De qué manera lo podemos organizar?». Sé que es complejo para para muchos, pero yo creo que estas herramientas terminan siendo de valor para encaminarse, para dar los primeros pasos hacia adelante, quizás con más aplomo, con más seguridad. Y eso es lo que necesitamos en el fondo, porque sentir que toda esa estructura que, de alguna u otra manera, nos ha apoyado, nos ha respaldado, nos ha acompañado, desaparece momentáneamente, y que aunque yo en mi imaginario podría pensar que la voy a construir exactamente igual en el lugar donde estoy y que al final me doy cuenta que no es exactamente así, que no va a ser posible de la misma manera, hace que tú te sientas con un vacío muy importante y ese vacío tienes que empezar a llenarlo con la nueva experiencia, con lo que ya traes como aprendizaje y que quizás no has valorado de la misma manera. Y con la creencia, la fe. Yo leía en uno de los documentos que tú compartiste conmigo: "¿qué herramienta te ayudó?" y yo decía: «definitivamente la fe». Creer que se puede. Si yo creo que no se puede, no avanzo. Y eso es parte de lo que yo creo que hay que transmitirle a las personas.

RLM: Bueno, muy bien, como parte de esa fe y esa confianza y ese reinventarse de alguna manera, salir de la estructura tradicional que uno tenía que, a lo mejor, no todo lo que estaba en esa estructura tradicional era lo que uno quería o lo que no le gustaba. Y que ahora tú puedes dibujar como tú quieras o diseñar como tú quieras. Tú me contabas que también estás participando en un programa de radio en los Estados Unidos. Tú estás en Medellín, en un programa de radio de un venezolano en los Estados Unidos. Cuéntame un poco más de esa experiencia. ¿Cómo está funcionando y cómo lo hacen ustedes viable?

FG: Esa ha sido una gran experiencia que, además, ha dado la posibilidad de crear un nuevo espacio que en la medida que el tiempo vaya transcurriendo y vayamos trabajando, vayamos abonando, vamos a lograr que se convierta en algo más representativo. Yo creo en el tema de la integración, de la integración de los conocimientos, de la integración de esos elementos que te constituyen. Si bien yo soy biólogo, tengo una formación científica. He tenido siempre como un lado más artístico que desarrollé quizá con mi participación en la iglesia, con el teatro, con la música. Eso es como, si me preguntan, el paralelo Francer no es el científico, ni el administrador, sino el que baila, el que canta y el que actúa. Y en la experiencia de vida que tuve en Venezuela con los hermanos Colmenares, que ella es actriz, él es locutor de radio, volvimos a reencontrarnos en la distancia. Él por allá en Minnesota, Estados Unidos desde hace más de cinco años participando en un nuevo proyecto con una emisora radial local, que se llama Latina Evolucion Radio y él tenía un espacio. Me invita un día: «Francer, te quiero entrevistar», y le dije: «¿por qué en vez de entrevistarme no creamos un espacio que sea más constante en el cual podamos hablar de estos temas de sostenibilidad?», quizás yo pensando un poco en cómo difundir la información a más lugares. Y esto fue precisamente en este período de aislamiento y nace En modo sostenible como una propuesta para poder comunicar a las personas todo lo que tiene que ver con temas que ayudan a que realmente los objetivos del desarrollo sostenible, los diecisiete objetivos que estaban planteados por la ONU y que estamos buscando alcanzar para preservar nuestra vida en el planeta, para resolver problemas que son de verdad muy, muy, muy serios y que afectan nuestra propia permanencia aquí en la tierra, sean de conocimiento público y al mismo tiempo sirva como una vitrina para la educación, para la formación, para la valoración, para el cambio de conducta. Rómulo me dice: «Francer, sí, me parece buena la idea, comencemos», y comenzamos haciendo una transmisión en directo los martes. El programa ha venido calando, hay invitados de distintas áreas del área social, del área económica, del área ambiental y vamos hablando sobre cada uno de los temas y dando, quizás, una gran conclusión. ¿Cómo estamos frente a ese objetivo? ¿Cómo estamos frente al tema de la conservación de la vida silvestre? ¿Cómo estamos frente al uso de los recursos? ¿Cómo estamos frente al consumo responsable a la generación de desechos sólidos en el planeta? Conecta mucho con lo que yo quiero decir, conecta mucho con lo que creo que es importante. Entonces, para mí tiene mucho sentido desde mi propia esencia como persona. Y creo que es una oportunidad que estoy disfrutando muchísimo en este momento.

RLM: Bueno, maravilloso. Enhorabuena, Francer. Eso viene conectando con lo próximo que te quiero preguntar. ¿Qué es la gerencia sostenible y cómo me entero más acerca el tema?

FG: Fíjate, el concepto de gerencia sostenible nace mezclando ambos conceptos, los que constituyen la frase. Cuando hablamos de gerencia hablamos de cómo administramos los recursos, los que tenemos a mano, lo que sabemos, el material, el dinero, el lugar donde estamos para lograr objetivos, para lograr un objetivo directo. ¿Y cuál es el objetivo del ser humano, en este caso, de las personas? Finalmente ser feliz, vivir y desarrollarse plenamente. Eso está dentro de la pirámide de Maslow. Al final, la realización tiene que ver con todo, con lograr satisfacer cada una de las necesidades. Pero, al mismo, tiempo que se pueda dejar un legado, que uno se sienta satisfecho y útil. Cuando hablamos de gerencia, hablamos de cómo articulamos todos los recursos que tenemos para poder lograr esa realización. Y cuando hablamos de sostenibilidad, nos vamos al concepto que fue acuñado este por la Comisión Borland, y en ese concepto dice que sostenibilidad o desarrollo sostenible es un modelo mediante el cual nosotros podemos lograr satisfacer nuestras necesidades actuales, sin menoscabo, de las posibilidades que tengan las generaciones futuras de también poder satisfacer sus propias necesidades. Entonces, es decir, utilizar los recursos de una manera que finalmente a nosotros nos satisfaga, nos ayude, nos proporcione bienestar, pero que no acabemos con la posibilidad de las generaciones futuras. Y eso entra un poco en el tema de la conciencia de que nosotros estamos de paso, pero que también cuando tenemos hijos, cuando tenemos sobrinos, cuando tenemos familiares, cuando vemos a los niños con lo que nos conectamos en la calle, pensar que ellos son de una generación que debe también tener condiciones y es un acto responsable actuar en este momento pensando en esa responsabilidad. Entonces, combinando esa gerencia, esa posibilidad de administrar los recursos y ese concepto de sostenibilidad, nace gerencia sostenible como una propuesta para ayudar a las empresas, a los microempresarios, a las personas directamente que, como yo, hoy están auto empleados, a que todo lo que vayan a hacer en función de ese desarrollo, de ese bienestar, esté conectado con la responsabilidad hacia las generaciones futuras. Y eso es precisamente lo que se quiere plantear en la propuesta y por lo que estamos trabajando desde el punto de vista educativo, desde el punto de vista formativo, desde la oferta de gerencia.

RLM: Y si uno quiere saber más sobre ese tema y se quiere conectar con el trabajo que tú estás haciendo, ¿cómo lo puede hacer?

FG: He estado trabajando ahorita en el desarrollo de las redes y en @gerenciasostenible en Instagram, ahí estoy colocando los post que están relacionados con los temas de divulgación. Hay un blog que está en por WordPress que se llama Gerencia Sostenible 2030. 2030 por el año en el cual están todas las metas de los objetivos del desarrollo sostenible, en 2030. Y a través de mi cuenta de correo electrónico gerenciasostenible2030@gmail.com podemos entrar en contacto, podemos intercambiar ideas, generar proyectos en conjunto. Yo creo que uno de los elementos claves en la sostenibilidad es que nos apoyemos. Lo que tú sabes, lo que tú haces es una ventana de oportunidad para lo que yo hago. Entonces, podemos combinar y podemos desarrollar muchos productos positivos.

RLM: Francer, mira, entonces, todo lo que me has contado. Sale tu papá de Colombia en los años 60. Tiene dos hijos, se abre paso en Venezuela. Finalmente, la familia regresa. Y de lo que tu papá se trae, entonces, en la maleta, en su viaje de regreso viene un ciudadano formado con educación, con experiencia, con ganas de progresar, que ha sido capaz de crear su propio empleo, de generar conocimiento para otras oportunidades para otros, de buscar formas de crecimiento que incluso toman en cuenta a las generaciones futuras. A mí me parece que Colombia tiene suerte de tenerte ahí. Y me queda por preguntarte, si tú pudieras retroceder el tiempo sabiendo lo que ya tú sabes, lo que ya has vivido, ¿tú vuelves a elegir Colombia para vivir?

FG: Sí, definitivamente sí. Porque creo que cada una de las de las situaciones, cada una de la de las experiencias que hemos tenido aquí, han venido a sumar, han venido a hacernos madurar, a crecer, a darnos cuenta de dónde está lo esencial y de que siempre tenemos posibilidades, que somos resilientes y que a pesar de las dificultades, podemos volver a comenzar y volver a iniciar un camino productivo. Y, sobre todo, agradecer, porque yo si algo debo hacer en todo momento con Colombia, es agradecer que nos haya acogido y que nos de esta posibilidad, a pesar de lo que a lo mejor puedan ser las experiencias adversas. Nosotros estamos bien y yo creo que eso hay que agradecer.

RLM: Perfecto, bueno, Francer Goenaga en la ciudad de Medellín. Agradecerte por haber participado en Los trabajos y los días, ha sido un privilegio tenerte con nosotros.

FG: Gracias, René. De verdad gracias por la oportunidad de compartir. Y sabes que aquí en Medellín tienes un aliado y que espero que en algún momento podamos visualizar algunas otras experiencias en conjunto.

RLM: Quiera Dios que sí. Y con esto terminamos el episodio noventa y seis de los trabajos y los días, agradecer a toda nuestra audiencia y recordarles que nuestro sitio web es lostrabajosylosdias.com. Estamos disponibles en todas las aplicaciones para podcasts y nuestras redes sociales @trabajosdias y, desde Toronto, les deseamos paz y salud.

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